Y después de siete largas y aburridas horas metidas en un autobús, ya estábamos de vuelta en Toronto. Poco tiempo nos dejaron para poder saborear a fondo la ciudad de Nueva York, pero el suficiente para dejarnos a todos con las ganas de volver (sin duda alguna) en un futuro. Aun así, ¡todavía nos quedaba prácticamente medio mes para seguir disfrutando de nuestra estancia en Toronto y con muuuuuuchos planes por delante!
Hoy traigo fotos de un día que dijimos de hacer algo diferente. Pasábamos la mayoría de las mañanas en Dundas Square (la plaza más famosa de Toronto, la zona comercial) y de ahí no nos solíamos mover porque no había un plan mejor. Era o eso o ir a la playa. A mí me apetecía cambiar un poco de ambiente porque sentía como que estaba desperdiciando mi tiempo allí haciendo todo el día lo mismo. Si iba a Dundas Square iba a desbancar a mi banco comprando y comprando cosas en las tiendas porque no había día que no viese algo, y a la playa tampoco me apetecía ir porque para playa ya tengo las de San Sebastián y más bonitas. Pero un día, afortunadamente, se nos cruzó el cable y decidimos movernos de zona e ir a Chinatown a comprar mierdillas de souvenirs (que los odio, por cierto) a un euro. ¡Ah, y también nos empapuzamos a fresas! Y debo recalcar el mal olor de aquel lugar... Puaaaghh, no, mejor no recordarlo.
Pero como os habréis dado cuenta, todas las fotos no son del mismo día. Las dos primeras son del día de Chinatown pero las otras son de un día que fuimos a una de las playas de Toronto. La playa era bonita, pero no te podías bañar por lo sucia que estaba el agua o algo así dijeron... Así que nada, ¡a sudar como pollos!

























































