Bueno, antes de nada, quiero que sepáis que estas fotos están hechas una mañana de domingo después de una noche loca de sábado (vamos, que no sabíamos lo que hacíamos; y sí, me incluyo a mí porque no hay más que ver las fotos para comprenderlo enseguida).
La mañana siguiente a mi cumpleaños, amanecieron mis amigos con la vena artística por las nubes y con ganas de tocar un poco las narizotas y experimentar con algún pelaje, y, cómo no, ¡ya estaba Carlota para eso, claro! Su objetivo era rizar mi preciado flequillo, y como yo esa mañana también estaba un poco de la olla, no me preguntéis, pero me dejé. Así que nada, se pusieron los guantes y el bigote de Llongueras y aquella mañana me convertí en su conejillo de indias; el resultado fue el que veis en las fotos. ¿Qué os parece? Yo me estoy replanteando el salir todas las mañanas así de casa... sísí. Por cierto, ahora que va al hilo, pronto quizá os hable de mi nuevo cambio de look que marcará un antes y un después en mi vida... (tzantzannnnn [tranquilos, es para darle dramatismo, tampoco quiero asustaros])
Y para concluir mi entrada, qué menos que dedicarle su ratito de gloria a mi adorable Fer, que se ha tomado la molestia de mencionarme en una de sus entradas. Seguro que muchos de vosotros ya lo conoceréis, pero para los que no, pinchad AQUÍ para ver su pedazo de blog. Aparte de que hace unas entradas musicales de caerte pa'trás (me considero una fiel seguidora de esta sección), tiene un estilazo. Pero vamos, que no hace falta que os lo diga yo, no tenéis más que verlo en la foto...




















































