El domingo, como no había un plan concreto, decidimos juntarnos unas cuantas familias con nuestros respectivos franceses para llevarlos a un sitio típico de comer en el País Vasco: la sidrería.
La comida les pareció un poco extraña, porque además, en estos sitios, se suele comer sin plato y acompañado de pan. ¡Y la sidra no les gustó nada! Pero estuvimos muy entretenidos en la comida mientras un francés nos hacía sus trucos de magia con las cartas. O sea, había que verlo... ¡I-M-P-R-E-S-I-O-N-A-N-T-E! Era increíble el maneje que tenía con las cartas y lo curiosos eran los trucos. ¡Lo hacía genial!
Lo que nos fastidió un poco la tarde, por así decirlo, fue el maldito examen de lengua que teníamos al día siguiente... De todas formas, he llegado a la conclusión de que los vapores de sidra me hacen bien al estudiar: ¡lo he sacado sin tener ni pajolera idea de lo que ponía! (árboles sintácticos, blá blá blá...).
Y después de ese día tan dominguero, nos los llevamos a visitar un poquillo el centro de San Sebastián :)









































