Y ésta fue nuestra última excursión: Túnez. Esta excursión fue la que más me sorprendió de todas porque nunca había salido de Europa, y África es total y completamente diferente. Las costumbres, la cultura, la forma de pensar... no tienen nada que ver con nosotros.
Nos llevaron a un zoco (mercadillos tradicionales árabes) en el centro de la capital donde me acuerdo que me sentí bastante agobiada porque los moritos nos estaban todo el rato siguiendo y tocándonos para a ver si les comprábamos algo. Hacían todo lo posible por tocarte los hombros, el brazo... Porque para ellos tocar un hombro es como: OH. Yo no me compré nada, entre el agobio y que tampoco vi mucho al final nada. Pero mi madre se compró dos bolsos falsos de Louis Vuitton por treinta y cinco euros (cuando le pedían cien). ¡Y aún y todo, se sintió timada! Y me hizo mucha gracia, porque a las mujeres les llamaban Pantoja o María y a los hombres Manolo o Pepe (jajaja).
Luego, nos llevaron a un pueblo de los alrededores llamado Sidi Bou Said donde no había gran cosa pero lo que sí me gustaron mucho fueron las casitas azules y blancas. Preciosas.
¡Ah! ¿Sabíais que todos los dátiles que hay en el mundo vienen de Túnez?
PD.: Que sepáis que estuve a punto de quedarme en Túnez para siempre. A mi madre le ofrecieron camellos por mí y por mi hermana (jajajaja).